
09 Jul Una casa de campo de arq. Bustillo y un problema para resolver importante:
Un aljibe entre dos lagunas
Una gran señora de Buenos Aires, muy canchera, me encargó una lámpara de botellas para el comedor de su casa de campo. Una casa espectacular de Bustillo, con una laguna afuera y otra adentro: la que había pintado Nicolás García Uriburu.
Hice la lámpara. La armé, la llevé y empecé a instalarla.
Entonces vi lo que no había calculado.
Desde la entrada del comedor, la lámpara tapaba casi por completo el cuadro de García Uriburu.
Había pensado en la forma, en el tamaño, en cómo se vería colgada. Me había faltado mirar desde donde iban a mirarla los demás: la puerta.
Tenía que elegir entre dejarla tal como ella la había visto y aprobado, ocultar el cuadro o modificar una obra que ya estaba terminada.
Eran las seis de la tarde.
Me volví con la lámpara.
La desarmé entera para conservar su forma, pero acortarla un cairel: lo suficiente para que, desde la entrada, pudiera verse completa la laguna de García Uriburu.
Era una diferencia pequeña en la altura y enorme en el comedor.
Cuando volví a instalarla, apareció el conjunto que había querido hacer desde el principio. La lámpara estaba en su lugar y el cuadro también.
Lo más interesante era que todo, de algún modo, era agua.
Las botellas contenían agua. El cuadro era una laguna. Y afuera de la ventana estaba la laguna verdadera.
A esa lámpara, un reservorio de agua suspendido sobre la mesa, la llamé «Aljibe». Me parecía el nombre justo para una obra hecha para el campo.
Es la única instalación de botellas que hice en una casa de campo. Sigo pensando que la arquitectura de Bustillo, la laguna y el cuadro de García Uriburu fueron su marco perfecto.
Me encantó poder resolverlo. Hubo que volver, desarmar y empezar otra vez para que el conjunto pareciera hecho a medida.
Al final, la lámpara encontró su lugar cuando dejó ver lo que tenía detrás.
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