
09 Oct un escudo de armas para la cola de boeing 737 BBJet.
El dueño de un Boeing 737-500, perteneciente a una familia noble europea, me pidió que diseñara una versión de su escudo de armas para la cola del avión, tomando como base el escudo original.
El Boeing había pertenecido a un sheik y estaba en Dallas, donde estaban modificando el interior. Fui para ocuparme del escudo. Los diez días que pasé viviendo solo en ese avión terminaron con el diseño en su lugar y un tobogán de emergencia desplegado casi por mi culpa.
El problema fue encontrar quién pudiera imprimirlo e instalarlo a tiempo. Nuestro turno en el taller terminaba en tres días.
—¿Lo pueden poner?
—Sí. Dentro de seis meses, en el próximo turno. Salvo que lo tercerices.
Empecé a llamar a imprentas. No. No. No.
Hasta que apareció un señor con un plotter en un garaje, a quinientos kilómetros, que dijo que sí.
Alquilé un auto, agarré el CD con el diseño y manejé quinientos kilómetros. Ajustamos el archivo para una impresión del tamaño del estabilizador vertical de un Boeing. Tardó quince horas.
Volví a Dallas y casi me arrodillé para que lo pegaran antes de que venciera nuestro turno.
Lo pegaron.
El escudo estaba en su lugar. Yo podía respirar.
Cuando el dueño subió al avión, le hice una recomendación al copiloto:
—Abran la puerta inmediatamente después de aterrizar. No puede esperar.
Al aterrizar, se olvidaron.
El dueño empezó a mirarme con cara de pocos amigos. Fui a la cabina y le tiré de la camisa al copiloto. Se levantó y fue directo a la puerta.
Había un detalle: seguía armada para emergencias.
La abrió.
Se infló el tobogán de evacuación.
La escalerilla estaba justo en esa puerta, ahora ocupada por el tobogán. Pedimos otra. Tardó horas.
Había conseguido que el Boeing llevara el escudo de la familia. También había contribuido, involuntariamente, a que desplegara su tobogán.
Cuando llegué a casa, aprecié mi vida. Me esperaba la caja de herramientas para cambiar el desagüe de la pileta de la cocina.
Fácil.