
29 Nov La historia detrás de la casa de Tamara: la genial obra de teatro de los 90s con vestuario de GF Ferré en Buenos Aires.
Tamara y Gianfranco Ferré: una casa, una obra y una pasión.
En el posteo anterior me preguntaron qué tenía que ver aquel rescate patrimonial con Tamara y por qué Gianfranco Ferré había diseñado el vestuario. Por eso vuelvo a poner la misma portada: la casa.
Pero todo empezó mucho antes.
En 1983, 7 años antes, mamá me dijo:
—Van a demoler una casa de 1.500 metros cuadrados en San Telmo. Está destruida. La venden en 16.000 dólares. Unos diez dólares el metro. ¿La compramos? ¿Te asociás conmigo? La ponemos a tu nombre.
Yo tenía 18 años y le dije que sí.
Tardamos cinco años en restaurarla. Empezaba Derecho en la UBA y me recibí antes de que terminaramos la obra. Cuando llovía, había que usar paraguas adentro.
Cuando estuvo lista, me encontré con Freddy Green en Nueva York. Me recomendó una obra off Broadway buenísima. Fui a verla y llamé a mamá:
—Ya tengo el proyecto para San Telmo.
El dueno del Astral le presento a Pablo Sodor y Carlos Furnaro que estaban buscando una casa para hacer Tamara: Les encantó la casa y nos asociamos.
La casa restaurada, con la puesta de Eduardo Morea, fue el escenario de Tamara. También incluí figurines de Gianfranco Ferré, quien incluso viajó a Buenos Aires después de leer las críticas.
Cada entrada costaba 80 dólares: ocho veces lo que habíamos pagado por un metro cuadrado de la casa.
En Chile la ofrecían las agencias de turismo. Hubo que pegar con cemento de contacto un cartel de “Localidades agotadas”.
El público recorría la casa siguiendo a distintos personajes. Recién al final, al compartir lo vivido con los demás, podía reconstruir la historia completa.
Ganó once premios, entre ellos dos ACE, el Molière y el María Guerrero. Pablo y Carlos mejor produccion.
En 1983, un revival era casi un insulto. Era la época del loft. Mamá lo sabía: con Silvia Ambrosini y Carlos Espartaco daban cursos y conferencias sobre estructuralismo desde los años sesenta.
Todavía no se había instalado la idea de que los viejos geriátricos de South Beach terminarían siendo un emblema del rescate patrimonial.
Aquella casa destinada a la demolición terminó convertida, para Tamara, en Il Vittoriale de Gabriele D’Annunzio. Pero en Buenos Aires.
Así nació mi pasión por ir contra la corriente.
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