Historias de vida que algun dia seran un libro: (parte 1)

1) MIS SITUACIONES DE RIDICULES EXTREMAS FUERON GRANDES MAESTRAS DE MI VIDA: EN EL ASCENSOR DE LA 79 (NEW YORK).

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New York, 1992, 9:15 AM. Abrí los ojos y vi la hora en el despertador. Por primera vez en mi vida me había quedado dormido y llegaría tarde al laburo. 9:30 tenía que estar en mi cubicular. Venían clientes de DMB&B (MAD MEN, digamos). No había tiempo para pensar. Me tiré de la cama, me puse camisa, corbata, zapatos, medias azules hasta la rodilla y el saco del traje NUEVO. Corrí hacia la puerta mientras buscaba el pantalón por todos lados. ¿Dónde M… lo metí?
No estaba… simplemente no estaba. ¿Cómo puede ser? 🙈

Me acordé que lo había dejado en la costurera a media cuadra de casa para que le hagan el dobladillo. Plan A: cambiarme y llegar más tarde aún. Plan B: abrir la puerta de calle y salir pitando con saco, corbata y calzoncillos (boxers celestes con ositos) y con medias a la rodilla, hasta la costurera… tan solo media cuadra.

Pensé: 9 y cuarto, ya está todo el mundo en la oficina en NYC. Vamos por el plan B. Tenía hasta el portafolio en la mano. Solo me faltaban los pantalones. Toqué el botón del ascensor. Se abrió la puerta (Otis). Ocho caras de las que nunca me devolvían el saludo estaban ahí. Pareció una explosión. (El ascensor se ladeaba por las carcajadas). Sin pensar me metí en el medio de todos. Les expliqué la situación con la cara que ponen los próceres. Fue peor.

Pensé que alguno se podría llegar a morir ahogado. Todos los porteros de la cuadra tiraban las escobas. La combinación de calzoncillos y medias con saco y corbata me sigue doliendo hoy. Ni hablar de los ositos. Juro que era el único par que tenía, los demás eran todos celestes clásicos.

Pero miren: al día siguiente todo cambió. La gente sabía mi nombre de memoria. Cuando había una reunión de consorcio me avisaban para que no vaya a dejar de ir. Los porteros me saludaban como se saluda a un hermano. Les conté a los de DMB&B por qué había llegado tarde y me invitaron a conocer sus famosas oficinas (1675 Broadway) como si fuera Bill Clinton.

La extraña vida. Todo lo que planifiqué me salió mal. El accidente fue todo para mí. Gracias, ascensor: sin vos no sería nada.

2) VOLVIENDO DE UZBEKISTAN:

Moscú, enero de 1998. El aeropuerto Sheremetyevo parecía un museo soviético: aduana para salir del país, colas eternas, agentes con bigotes a lo Dalí y mi valija a punto de explotar por las siete alfombras Teke de seda que había comprado en Bukhara por apenas 400 dólares.

Había tardado una noche en meterlas en la valija en el hotel. Pero el agente me hizo abrirla: KAPUT. Saque todo por favor -me dijo.

Cuatro alfombras volvieron a entrar. Tres quedaron en el mostrador. Mi avión salía en treinta minutos y yo no podía dejarlas.

¿La solución? Me las puse encima.

Dos alfombras de un metro ochenta colgaban de mis brazos; la de tres metros me servía de capa. Corrí por el aeropuerto arrastrando dos metros de alfombra de seda, como un rey aqueménida, hasta que un policía ruso me detuvo.

Yo no entendía ruso. Él no entendía inglés. Mi avión estaba a punto de despegar sin mí.

Entonces apareció una mujer occidental. Chanel, digamos.

—Señora, soy argentino, trabajo para el PNUD. ¡Por favor, le podría explícar al policía que pierdo el avión!

La señora reconoció algo occidental en mi mirada a pesar de mi atuendo y barba de una semana. Me creyó. El policía me dejó pasar y corrí al avión con las alfombras puestas.

llegue a Frankfurt pero perdí la conexión a Buenos Aires.

Me fui al centro sin reserva. Había cinco convenciones y estaba todo lleno. Caminé quince cuadras buscando hotel, cargando la valija, las alfombras y hasta un samovar que me dieron de vuelto porque no tenian 20 dolares.

Finalmente, en pleno invierno, me senté en la calle a pensar. Gelido pero yo estaba tapado con mis alfombras.

Entonces apareció un señor que me miró.

Era un conserje de unos 45 años que salía de trabajar. Yo rondaba los treinta. Me miró y no sé si le di lástima, si vio desesperación o si pensó que estaba loco o si le gusté. Pero me invitó a su casa.

No pidió nada. Me dio refugio y me salvó, por lo menos, de seguir pasando frío en la calle.

Gracias, héroe de Frankfurt. Si estás leyendo: GRACIAS.

 

3) BUENOS AIRES ESTÁ DE MODA: ME LO DIJO UN TAXISTA:

Rubén -el taxista que me trajo esta tarde- fue exultante:

“¿Viste la cantidad de turistas que hay? Brasileros y Rusos para rifar”.

Manejaba con ese orgullo que conocemos: se confesó como un producto de la escuela pública argentina: entrador, patriota, con oficio y carisma.

Sostenía el volante con dos dedos y manejaba como si el asiento se lo hubiera diseñado Le Corbusier. No me hablaba a mí: le hablaba a Buenos Aires.

“Le pregunté a un venezolano por qué se quedó.
-Por que en Argentina nunca me hicieron sentir un extranjero”.

“Ustedes no tienen ni problemas raciales ni religiosos”.

“Una francesa me dijo que Corrientes es la calle teatrera más interesante del mundo…
Argentina no es igual a nada. Está calidez no se ve en otros países. Acá no hay clichés. Hasta los Starbucks parecen argentinos. Tienen personalidad”.

Se dio vuelta, sin mirar, en plena Libertador: 🙈
“Y mirá que viví en otros países”.

“Somos informales… y afectuosos. La cultura es a pulmón. ¡Y la comida!”.

Le pregunté:

-¿Nos estará volviendo la autoestima?

“¿Qué dicen del Colón? o ¿de la librería Ateneo en el Grand Splendid?”
“No te lo puedo explicar… se me llenan los ojos de lágrimas”.

Y siguió: Borges, Messi, Maradona, los Nobel, Fangio, Gardel, Máxima… el Papa Francisco. La Patagonia, las Cataratas, La Pampa.

“Llegamos, capo”.

—¿Te puedo pagar con transferencia? Me di cuenta que no tengo un mango.
“El alias está en el asiento”.
Felices Pascuas, Rubén.

Me bajé convencido: algo está cambiando.

Pasamos de soñar con Ezeiza a sorprendernos de los extranjeros que llegan a Ezeiza.

Me voy a dormir con su frase:

“Buenos Aires está de moda”.

La Biela… ¿nuestro Café de Flore? 😎🙌

4) GRACIAS AL REY DE ESPAÑA EL PORTERO DE LA CITY ME EMPEZÓ A DEJAR ENTRAR:

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El tema es asi:

New York City, Álvarez Thomas 1391. Viernes, 1 de marzo de 1987. 00:30 horas:

Llegué a la Mega Disco. Mis amigos ya estaban adentro.

Me acerqué a la soga. El portero, con cara de pocos amigos, me dice:

—Perdón, hoy hay una fiesta privada. ¿Estás en la lista?

—¿Lista? Pero si mis amigos ya están adentro, y no venían a una fiesta…

—Sí, pero está lleno hoy. Córrete, por favor: deja pasar a Graciela Alfano.

Cinco años de Derecho en la UBA lograron eso: la noche no era lo mío. No hice ningún escándalo y me fui a Le Club, donde tampoco es que me trataban como a Mick Jagger, pero al menos me conocían.

Pensé: “La próxima tengo que venir con alguien famoso a La City. ¡Eso tengo que hacer! ¡Un famoso!”.

Pensé en Miguel Ángel Solá, que lo había conocido hacía poco en París, pero no podía.

Entonces paso esto:

“Roque Pérez”. Pcia. de Bs. As. Marzo de 1987:

—Qué suerte tuvieron, ¿no? Entraron a la Comunidad Económica Europea gracias a las hortalizas —le dije al Rey de España (entonces príncipe), mientras caminábamos por la campiña bonaerense.

—¿Cómo dices?

—Bueno, lo escuché a Bernardo Neustadt en Tiempo Nuevo decir eso.

—Pues no sé quién será ese tío, pero dile que es un insolente. ¿Cómo va a ser por las hortalizas?

Caminábamos solos en ese momento. Tenía que cambiar de tema: “ipso facto”.

—¿Y las infantas… todo bien?

Igual se ve que le caí bien: Antes de despedirse, me invitó a una fiesta en la fragata: «Juan Sebastian Elcano».

—Después iremos a La City. ¿La conocéis?

—¿Adónde? ¿Puedo ir con vosotros en el auto oficial?

—Claro, hombre.

De la Fragata a “La City”. Que mas le podia pedir a la vida: mi venganza con el portero.

Yo, una sombra pegada al príncipe. Se subió al auto negro; me subí al auto negro. Se sentó atrás; me senté atrás.

Quería que el portero me viera llegar al lado de su alteza real. (Soy un quemo).

Llegamos, las puertas de La City estaban todas abiertas. (Era un cine). La custodia había llegado antes. El príncipe bajó primero. Pegado a él = yo.

Lo miré al portero, como si viniéramos de “La Zarzuela”.

El viernes siguiente volví solo:

—¿Hoy no me van a abrir todas las puertas como el otro día? Simplemente me dejaron pasar.

4) MI ULTIMO VUELO VISUAL….BUENO NO TAN VISUAL:

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11 de abril de 2001:

Yo volaba: una irresponsabilidad de la Fuerza Aérea.

Tenía licencia de vuelo visual —el famoso Brevet— y estaba haciendo el curso de vuelo nocturno.

En general me iba al campo de un amigo que tenía pista, pero una mañana me fui a Mar del Plata.

Almorzamos y nos quedamos más de lo debido, y a las 6 y cuarto volvimos… tarde para vuelo VISUAL.

SE HIZO DE NOCHE.

Igual no estaba preocupado. Era una noche clarísima, veía la Panamericana perfecto.

Salvo por un pequeño detalle:

NO ENCONTRABA LA PISTA (SADD/DOT).

Llamé a la torre:

—Don Torcuato, ¿las luces de pista están prendidas?
—Afirmativo.

¿Están prendidas?…

… ¿Dónde?

Mi cabeza parecía la de Linda Blair buscando luces a 360 grados.

De pronto vi una pista.

—¡Aaaaaah! ¡Ahí está! —le dije a mi amigo.

Pedí autorización a Don Torcuato para final corta.

¿Estos hangares de qué son?

Nunca los había visto a la derecha de la pista 34.

—Pero no, boludo. Es la pista 05 de San Fernando.
—¡¿Quéeee?!

Estábamos aterrizando en San Fernando (SADF/SFO) con autorización de la torre de Don Torcuato.

—¿Fui yo?

Aire yaaa.

¿Y ahora?

Volé 10 minutos: sabiendo dónde estaba San Fernando, fui a buscar Don Torcuato. Poco combustible, asumo: ni miré cuánto quedaba de los nervios.

Padrenuestros de por medio, milagrosamente lo encontré y pedí autorización a la torre para inicial.

Hice el circuito completo de aproximación: aterricé como un piano de los nervios y porque de noche la pista parece más abajo.

Fui a la oficina de plan de vuelo pensando que me sacaban la licencia, pero no habían llamado de San Fernando.

Me parece que en DOT no se dieron cuenta de que había pedido dos veces autorización para aterrizar. Una para final corta en la pista 34 y otra desde inicial.

—Buenas nooooches.

Sí, saludé a todos con onda Maverick:

—¿Todo bien?

4) CRUCE DEL ESTRECHO DE HORMUZ:

5 de enero de 2019. Cruce del estrecho de Ormuz. Un recuerdo feliz que hoy duele más allá de quién tenga razón.

De Goa (India) a Dubái (Emiratos Árabes Unidos).

Para llegar por barco cruzamos del océano Índico al golfo Pérsico, atravesando el golfo de Omán y el estrecho de Ormuz.

Pasamos por Mumbai (ex Bombay), Muscat y Kor Fa Khan antes de desembarcar en Dubái y seguir hacia Abu Dhabi.

Fue uno de los viajes más pacíficos de mi vida.

Navegamos frente a la costa de IRÁN.

Algunos iraníes se acercaban al barco y saludaban. Recuerdo que estaban vestidos de naranja. ¿Disidentes? No lo sé. Solo recuerdo el gesto amable.

En Muscat, en el puerto, estaba el barco del sultán: un verdadero trasatlántico (foto en el carrete).

Kor Fa Khan es una playa típicamente musulmana.

Cuando salí del agua me silbaron para que me pusiera la remera. Fueron siempre respetuosos. Necesitaba ir a un cajero automático y un policía pidió a un taxi que me llevara gratis.

En las vidrieras no había vestidos occidentales: solo abayas negras, shaylas e hiyabs.

Es la última ciudad antes de entrar al estrecho de Ormuz.

Un dato me dejó perplejo y más extranjero aún: ahí nació uno de los que se inmolaron en las Torres Gemelas.

Mientras escribo pienso en Borges y en “Los teólogos”: la guerra intelectual entre Aureliano y Juan de Panonia. Uno termina en la hoguera. En apariencia, el otro tiene razón.

Pero ante Dios, ambos son culpables por no haber podido reconciliarse.

Algo de eso siento hoy.

Si Dios existe, quizá nos condene a todos por nuestra incapacidad de ser amables.

Dubái fue otra cosa: babilónica, cosmopolita. Conviven mujeres con hiyab y mujeres en bikini… Había una librería de Assouline.

En Abu Dhabi: el Louvre.

La incapacidad de amar al que piensa distinto ha sido siempre una tragedia sin vencedores. Tal vez dentro de mil años alguien mire nuestras guerras con la misma perplejidad con que nosotros estudiamos la mitológica guerra de Troya.

En Mumbai estuvimos en la casa de Gandhi: un ser de otro mundo.

6) Misión a VENEZUELA: PNUD

julio de 1997. (PNUD/Banco Mundial). Siempre empezaba las misiones con el pie izquierdo. El primer día, llegué media hora antes para preparar reuniones. Sorpresa: ya estaban todos trabajando: el horario era de 8 a 4 (el sol de 6 a 6:30 del ecuador, todo el año, rige el horario). Llegué media hora tarde 🙄. Todos esperándome para hacer el relevamiento de lanchas ambulancia para el Delta del Orinoco (maravilla natural que los conquistadores creyeron que era un mar).A la 1 bajé a comer algo y en el ascensor me crucé con los coordinadores de Mérida (Andes Venezolanos). Les pregunté si iban a almorzar. “No, vamos a bailar salsa”, dijeron. Pensé que me estaban haciendo una broma y les dije: “los acompaño”. Caminamos hasta un lugar con puerta negra y portero. Bajamos y ahí estaban: los ejecutivos de Caracas bailando salsa y tomando ron… al mediodía!!! Claro Venezuela “naturalmente” era muy parecido al paraíso terrenal. Y en los 90s para un extranjero era la tierra prometida.

Al día siguiente me tocaba ir a Trujillo (Estado). Llegué un miércoles agotado, pero me mandaron a buscar al aeropuerto (¡son muy amables!). Me preguntaron: “¿Chamo adonde quieres ir?”. Yo, agotado y con hambre: “Solo quiero relajarme”.
Se miraron entre ellos y entendí que uno le dijo al otro: “OK, me parece lo mejor”
Manejaron media hora y me llevaron a lo que para ellos (lógicamente) era el lugar perfecto para el estrés”: el prost…de Trujillo. Pero no era mi caso. 🤢

7) LA DESPEDIDA DE MESSI EN EL MONUMENTAL:

Fuimos a despedir a Messi: una noche de película.❤️

A las cinco salí a buscar a Carla, preparado para vivir una noche histórica. Caminamos desde Pampa y Cazadores hasta el Monumental.

Nos sentíamos extras de “carrozas de fuego”.

Ya sentados, me llamó la atención la naturalidad de los más chicos. Cómo que Argentina siempre gana, que eso es normal: claro, crecieron con un “10” marciano.

El tema es así: primero el himno; se eriza la piel. Las lágrimas complican la entonación. En eso somos de los mejores y el lado Argento sano está buenísimo.

Pero anoche pasó algo difícil de describir.

Especialmente entre los que más gritaban:

Había en sus ojos una especie de silencio.

Incertidumbre.

Orfandad.

¿Cómo se sigue después de tanta felicidad?

¿Qué podíamos hacer para que Messi siguiera siendo parte de nuestras vidas?

Miren si esto fuera una película de Christopher Nolan. Por ejemplo “La Messiada”, el final sería épico:

Una multitud marchando al congreso desde el Monumental para exigir una reforma constitucional.

Proclama: “que Argentina sea una monarquía y Messi Rey”. Eso se sentía.

Pero no un rey de ahora, limitado por un parlamento con políticos: ¡que horror! 🫣

Me imaginaba uno como Luis XIV: un Rey Sol. Que decidiera todo él.

A lo sumo un consejo de asesores presidido por Scaloni e integrado por el resto de la selección.

Pensándolo bien, no me gusta Nolan para mí pelicula. Mejor Spielberg. Messi no es como Odiseo, Messi es E.T.

¿Estás pensando que estoy re loco no? 😬

Y si, 🙄…

8) -¿ES BACCARAT?

-No, basura.
-Te pregunto por la lámpara.
-Sí, la lámpara.

Después alguien toca un cairel y yo digo “cuidado” con una voz que hace pensar que sí, que era Baccarat. 🙈

En casa, una botella vacía es un asunto de Estado. Cuando trabajo: caos.

-¿Esto se tira?
-¡No!
-¿Y esto?
-Tampoco.
-¿Hay algo que se pueda tirar?

-Sí, el smoking.

Tengo el moño atado con un elástico y la faja con un nudo.

La hebilla se rompió hace veinte años.

Como parezco un gnomo cuando me lo pongo, jamás me compraría otro. Es como el uniforme del colegio. 🙄

Pero todo lo que pueda derretir mi heat gun tipo James Bond, con temperatura regulable hasta 600 grados, se queda. 😎

Después viene el problema de dónde ponerlo. Sobre todo si son de 1000 botellas.

Yo las veo sobre la mesa del comedor.

El dueño, en el hall.

El arquitecto quiere el espejo sobre una cómoda.

La novia del dueño, sobre la chimenea.

Falta un enchufe para la lámpara de tres botellas con flor de oro macizo. Bueno, una. 🙄

Entonces alguien propone mover la chimenea. Siempre es igual.

-¿Y en la cocina? Al fin y al cabo, es basura.

Pero siempre me voy contento, sea cual sea el objeto y donde lo hayamos puesto. Iba a terminar en el CEAMSE y ahora hay cuatro personas discutiendo dónde queda mejor.

Un espejo mío navega por Cerdeña en el Bravelove One, junto a Warhol y Basquiat. El del marco de sal gruesa y lapislázuli.

Todo lo pensé cuando alfombramos de rojo La Matanza mientras barríamos la calle con Cristina Dompe. Leila Guerriero lo cuenta mucho mejor en mi biografía. A ella le salió un argumento sobre mi vida que yo nunca pude poner en palabras.

«Instalaciones preciosistas de basura», las rebauticé hace poco. Pero siempre les cambio el nombre.

Jamás entendí cómo se crea un cuerpo de obra. Soy muy colgado para ser un artista profesional.

Pero las botellas, bien.

Navegan por el Mediterráneo, se codean con Warhol.

El que necesita un poco de producción soy yo.

Las lamparas y espejos son reales. En este posteo hice el livng con IA. Pero en el feed hay verdaderos.