Entre botellas y Madonnas del renacimiento:

Entre botellas y madonnas del Renacimiento

Otra gran señora de Buenos Aires, también una de las mujeres más lindas de Argentina, me pidió una instalación de botellas para su casa. Podría haber sido una estrella de Hollywood: belleza, presencia y refinamiento; difícil imaginarla en otro escenario que no fuera el suyo.

Y su escenario era único.

En su departamento de la Avenida del Libertador convivían muebles y obras de arte de una calidad que pocas veces había visto reunida. Algunos de las mejores objetos que habían pasado por una casa argentina.

Los muebles de la casa de Unzué, convertida después en residencia presidencial y donde murió Eva Perón. A esa historia se sumaban las madonnas del Renacimiento: imágenes que cambian el clima de una habitación.

Y yo iba a entrar con botellas de plástico.

Botellas en general que terminan en la basura.

La responsabilidad era enorme. Tenía que hacer una instalación que pudiera convivir con todo eso. Cada forma, cada reflejo y cada proporción iban a verse junto todo eso  que llevaba siglos sosteniendo su estética del Louvre.

Cuando colgue la instalacion, el diálogo entre el cristal imaginario y las madonnas despertó mi lado místico.

Las botellas parecían frágiles. Las imágenes solidas que atravesaron siglos. La luz las acercaba: pasaba por el agua y el plástico, producía reflejos y dejaba que los materiales más humildes encontraran un lugar entre objetos extraordinarios.

Pensé en el recorrido de esas botellas. Habían sido envases, después desecho y ahora formaban parte de la colección de uno de los departamentos más sutilmente bellos que conocí.

Eso me sigue interesando de mi trabajo: hasta dónde puede llegar algo que alguien decidió tirar.

En esa casa, frente a las madonnas del Renacimiento, las botellas encontraron una delicadeza que yo mismo no les había visto antes.